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La industrialización del todo, y no solo de las partes

22 abril 2013

 

Industrializar la construcción no es algo nuevo. Muchas empresas llevan sumando conocimiento en esta materia desde hace más de veinte años.


La industrialización de los componentes de la construcción es algo común ya aceptado por todos los agentes involucrados en el proceso de construcción. Sería extraño recibir en una obra, por poner un ejemplo, una carpintería metálica que no venga preparada de un taller especializado con su correspondiente sello de calidad, o un vidrio con cámara que se prepare “in situ”, y a nadie le es extraño ya que las divisiones interiores sean mediante paneles de cartón-yeso atornillados a una subestructura metálica en lugar del tradicional tabique de ladrillo.


La construcción seca le va ganando la partida a la tradicional, desde los componentes más pequeños hasta llegar a los de mayor envergadura y responsabilidad en la construcción, como puede ser la estructura de un edificio, que sigue siendo mayoritariamente una construcción húmeda, pero que lleva ya décadas desarrollando y aplicando sistemas prefabricados.


Esta circunstancia es lógica, ya que estos sistemas industrializados ofrecen un control de calidad completo y reducen los tiempos de ejecución, lo cual favorece a reducir los riesgos de cualquier construcción y a que la financiación sea más sencilla debido a que se eliminan las incógnitas que una obra de construcción tradicional comúnmente conlleva.

 

Cambio de modelo constructivo

¿Cuál es la respuesta a esta encrucijada en la que aparece un camino representado por la construcción tradicional y otro al que podemos denominar construcción industrializada?
El primero lo dominamos a la perfección, sabemos sus límites y sus bondades, no nos asusta porque nos sentimos cómodos ante algo que llevamos desarrollando durante décadas y a unos niveles de producción altísimas.


El segundo camino ofrece muchas mejoras frente al anterior, pero tiene la duda de la incertidumbre, el riesgo de apostar por algo nuevo, entrar en el terreno de lo subjetivo de la mente humana.


Hasta la fecha la disculpa para seguir eligiendo el primer camino han sido los costes. La construcción tradicional era ampliamente más económica que la denominada industrializada, pero esa distancia se ha ido reduciendo a medida que los pioneros de esos sistemas industrializados han ido profundizando y ejemplarizando sus productos.


A día de hoy podemos decir que el mismo proyecto se puede realizar de las dos formas obteniendo prácticamente el mismo resultado, y que el coste de ambas puede ser similar.


La experiencia nos dice que sabemos construir y que si investigamos en esa dirección nos convertiremos en expertos de esos nuevos sistemas; por lo tanto ya no hay excusas para seguir manteniendo el modelo de construcción tradicional, solamente nos impulsa  a seguir haciéndolo la inercia.


Es el momento pues de tomar las riendas de nuestro desarrollo en el mundo de la construcción y redirigir nuestro modelo hacia una apuesta de futuro.

 

Ismael Miguel Prieto
Ayuntamiento de Alcorcón

 

 

ABS


 

 

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